
(EN) (TR) (ES)
On average, we talk about ourselves in about 30-40% of our daily conversations. However, when it comes to social media, this rate jumps to 80%. So why does our level of narcissism nearly double when the environment becomes “digital”?
Kuss and Griffiths attempt to answer this question in their 2011 article, “Online Social Networking and Addiction—A Review of the Psychological Literature.” According to their research, when individuals present their personal lives and thoughts on social media, it activates the mesolimbic dopamine center in the brain, which is associated with feelings of happiness and plays a role in addiction. In the study, participants’ brains were monitored using MRI under the following conditions:
- When participants talked about themselves
- When others talked about the participants
The results show that the brain region activated when a person shares something about themselves or when others discuss them is the same area that lights up during pleasurable activities like sex or eating. In other words, we become enamored with the (virtual) world as it revolves around us.
So far, there’s no problem. After all, this is human nature. People require social connections and approval to develop and socialize, and it’s understandable—perhaps even necessary—that the brain rewards this state with dopamine, or happiness and satisfaction. However, the problematic aspect arises when a “habit” starts to morph into an addiction.
No matter how intense a habit is (such as working for hours, exercising, having sex, or using the internet), as long as it doesn’t cause problems in a person’s life, it’s considered a pleasurable activity rather than an addiction. But the situation changes when we start to define ourselves through that “habit” (salience) and use it to escape from issues and numb our minds (mood modification). Over time, the tolerance we develop to this stimulus, meaning we need to consume more to get the same effect (as seen in heroin or sex addictions), complicates the issue further. Our habit suddenly becomes the driving force of our social life, and even if we try to give it up, we may enter a cycle of relapse, similar to what occurs with nicotine addiction.
The above process includes some frameworks psychologists use to distinguish addiction from habit. The underlying message is simple: Just because we drink coffee every morning, spend countless hours on our phones, scroll through Instagram when we’re bored, or watch funny videos on YouTube, it doesn’t mean we’re addicted. Similarly, sharing selfies or posts about concerts we attended or meals we had doesn’t make us (socially) narcissistic.
Therefore, the line between habit and addiction, as well as between the desire for social approval and feedback, and the gratification of the narcissistic ego is not clearly defined. There isn’t a shared consensus in scientific and research fields about this issue. Some argue that an underdeveloped self is deceived by these “artificial” approvals, while others see it as a behavioral disorder that needs correction. Some believe that our deficiencies and loneliness in social life motivate us to share “ourselves” on social media and exist in virtual spaces.
Regardless of the underlying reasons for social media habits and their derivatives, it’s crucial to remember that social media platforms are explicitly designed to trigger addiction and narcissistic tendencies. “Time spent scrolling down the screen” and “click-through rates” are fundamental performance metrics of this model. Structures such as “likes,” “followers,” and “shares” encourage individuals to return continuously to the platform. Since these returns often occur in short bursts, we become conditioned to see the notifications in red. Moreover, when we do see them, the “happiness” centers in our brains are further ignited. Consequently, social media, which is a new tool for developing “social connections” and self-validation, can lead to interest obesity due to its sugary addictive dangers. In such moments, it seems essential for us to remember or learn to allocate spaces for ourselves that exist “without” these platforms to “diet” healthily.
Notes:
- Phubbing: The act of annoying someone in a conversation or social setting by constantly checking one’s phone.
- FOMO: Fear of missing out; the feeling that there’s an opportunity or situation one must be part of, leading to the constant need to check it. It’s like the fear of being uninformed if one doesn’t check Twitter.
Here’s a great video related to “addiction,” and you can find more detailed information on the topic at this source:
https://www.youtube.com/watch?v=ao8L-0nSYzg

(EN) (TR) (ES)
Beynin Sosyal Medya’daki Narsist Halleri
Dipteki notlar:
Phubbing: Muhabbetin ortasında ya da sosyal bir ortamda sürekli telefona bakarak karşısındakini gıcık etme durumu.
FOMO: Fear of misssing out yani aman orada yakalamam gereken bir fırsat ya da içinde olmam gereken bir durum var, sürekli onu kontrol etmeliyim durumu. Twitter’a bakmazsak bilgisiz kalacağız korkusu gibi.
Aşağıdaki ‘bağımlılık’ ile ilgili güzel bir video, şu kaynak‘ta da konu ile ilgili detaylı bilgilere ulaşabilirsin

(EN) (TR) (ES)
Los Estados Narcisistas del Cerebro en las Redes Sociales
En promedio, hablamos de nosotros mismos en alrededor del 30-40% de nuestras conversaciones diarias. Sin embargo, cuando se trata de redes sociales, esta tasa aumenta al 80%. Entonces, ¿por qué nuestro nivel de narcisismo casi se duplica cuando el entorno se vuelve “digital”?
Kuss y Griffiths intentan responder a esta pregunta en su artículo de 2011 titulado “Online Social Networking and Addiction—A Review of the Psychological Literature.” Según su investigación, cuando las personas presentan su vida personal y pensamientos en las redes sociales, se activa el centro de dopamina mesolímbica en el cerebro, que está asociado con la felicidad y juega un papel en la adicción. En el estudio, se monitorearon los cerebros de los participantes usando resonancia magnética bajo las siguientes condiciones:
- Cuando los participantes hablaban de sí mismos
- Cuando otros hablaban de los participantes
Los resultados muestran que la región del cerebro activada cuando una persona comparte algo sobre sí misma o cuando otros hablan de ella es la misma que se ilumina durante actividades placenteras como el sexo o comer. En otras palabras, nos embelesamos con el mundo (virtual) mientras gira a nuestro alrededor.
Hasta aquí, no hay problema. Después de todo, esta es la naturaleza humana. Las personas requieren conexiones sociales y aprobación para desarrollarse y socializar, y es comprensible—quizás incluso necesario—que el cerebro recompense este estado con dopamina, o felicidad y satisfacción. Sin embargo, el aspecto problemático surge cuando un “hábito” comienza a transformarse en una adicción.
No importa cuán intenso sea un hábito (como trabajar horas, hacer ejercicio, tener sexo o usar internet), mientras no cause problemas en la vida de una persona, se considera una actividad placentera en lugar de una adicción. Pero la situación cambia cuando comenzamos a definirnos a través de ese “hábito” (saliencia) y usamos esto para escapar de problemas y adormecer nuestras mentes (modificación del estado de ánimo). Con el tiempo, la tolerancia que desarrollamos hacia este estímulo, lo que significa que necesitamos consumir más para obtener el mismo efecto (como se observa en las adicciones a la heroína o al sexo), complica aún más el asunto. Nuestro hábito se convierte de repente en el motor de nuestra vida social, y aunque intentemos dejarlo, podemos entrar en un ciclo de recaída, similar al que ocurre con la adicción a la nicotina.
El proceso anterior incluye algunos marcos que los psicólogos utilizan para distinguir la adicción del hábito. El mensaje subyacente es simple: simplemente porque tomemos café todas las mañanas, pasemos incontables horas en nuestros teléfonos, revisemos Instagram cuando estamos aburridos o veamos videos divertidos en YouTube, no significa que estemos adictos. De manera similar, compartir selfies o publicaciones sobre los conciertos a los que asistimos o las comidas que tuvimos no nos convierte en narcisistas (sociales).
Por lo tanto, la línea entre el hábito y la adicción, así como entre el deseo de aprobación social y retroalimentación, y la gratificación del ego narcisista no está claramente definida. No hay un consenso compartido en los campos científicos y de investigación sobre este asunto. Algunos argumentan que un yo subdesarrollado se engaña a sí mismo con estas “aprobaciones” artificiales, mientras que otros ven esto como un trastorno de comportamiento que necesita corrección. Algunos creen que nuestras deficiencias y soledad en la vida social nos motivan a compartir “nosotros mismos” en las redes sociales y existir en espacios virtuales.
Independientemente de las razones subyacentes para los hábitos de las redes sociales y sus derivados, es crucial recordar que las plataformas de redes sociales están explícitamente diseñadas para desencadenar adicción y tendencias narcisistas. “Tiempo dedicado a desplazarse por la pantalla” y “número de clics” son métricas de rendimiento fundamentales de este modelo. Estructuras como “me gusta”, “seguidores” y “compartidos” fomentan que las personas regresen continuamente a la plataforma. Dado que estos regresos a menudo ocurren en ráfagas cortas, nos condicionamos a ver las notificaciones en rojo. Además, cuando las vemos, las áreas de “felicidad” en nuestros cerebros se encienden aún más. En consecuencia, las redes sociales, que son una nueva herramienta para desarrollar “vínculos sociales” y auto-validación, pueden llevarnos a una obesidad de interés debido a sus peligros adictivos y azucarados. En tales momentos, parece esencial que recordemos o aprendamos a reservar espacios para nosotros mismos que existan “sin” estas plataformas para “adelgazarnos” de manera saludable.
Notas:
- Phubbing: El acto de molestar a alguien en una conversación o en un entorno social al mirar constantemente el teléfono.
- FOMO: Miedo a perderse algo; la sensación de que hay una oportunidad o situación en la que uno debe estar presente, lo que lleva a la necesidad constante de revisarlo. Es como el miedo a estar desinformado si no revisamos Twitter.
Aquí hay un gran video relacionado con la “adicción”, y puedes encontrar más información detallada sobre el tema en esta fuente:
